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domingo, 30 de septiembre de 2012

ZONA DE QUEMA-2




Així denuncia el Salm 58, la violència dels qui tenen llavis que “semblen punyals”. I el 63, els que “tiren com fletxes paraules verinoses”.
He recordat aquests Salms, per la multa de 2000 euros a un jove valencià (Levante 20 d’agost) per insultar els jugadors del Reial Madrid quan eixien de Mestalla.
És evident que els insults demostren la falta de diàleg i de respecte a l’adversari. Però com és que alguns polítics poden insultar impunement? L’últim cas (conegut!) ha estat el d’Alfonso Rus i el menyspreu als votants d’EU. Abans el de la presidenta Esperanza Aguirre i el seu “habría que matarlos”, en referència als arquitectes! També va ser comentat fa uns anys, l’insult del qui fou alcalde de Getafe, el socialista Pedro Castro, que anomenà “tontos de los cojones a los que votan a la derecha”. O les de l’alcalde popular de Valladolid, Javier León de la Riva, que, referint-se a la que va ser ministra de Sanitat, Leire Pajín digué: “Cada vez que le veo la cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a decir aquí”. Amb raó alguns polítics es posen la mà davant la boca quan parlen! Però què poc de fiar són, quan tenen por a què puguem saber el que diuen!
En la mateixa línia que el jove valencià multat amb 2000 euros, van ser les declaracions de la presidenta de Madrid Esperanza Aguirre: “Hemos tenido la inmensa suerte de darle un puesto a IU, quitándoselo al hijoputa”. La “perla” de la presidenta Aguirre, anava dedicada a Fernando Serrano, un dels exconsellers de Caja Madrid, també del PP!
Més a prop nostre tenim les declaracions de Carlos Fabra, expresident de la Diputació de Castelló, que anomenà “Hijo de puta” al diputat socialista Francesc Colomer, i el desig “de orinar en la sede de Izquierda Unida”. O la seua filla i el “que se jodan”. O les del president de la Diputació de València, Alfonso Rus, anomenant “gilipolles als professors que diuen “aleshores o gairebé” i les ganes que tenia de “rematar-los”. I encara afegia: “em vaig quedar a gust amb eixos pocavergonyes”. O el senyor Cotino, que dirigint-se a la diputada de Compromís Mònica Oltra, assegurà “que si fora son pare tindria vergonya de tindre una filla com vostè, però com possiblement no el coneix”. Molt graciós i molt edificant! I G. Pons referint-se al pres d’ETA malalt de càncer: “Por duro que sea ver a una bestia fuera de la cárcel”!!
Però no s’acaben ací les perles! El diputat Tardà, d’ERC cridà “muiga el Borbó” i Manuel Fraga demanava que als nacionalistes (no als espanyols!) “los habrían de colgar de algun sitio”. José Bono, del PSOE, deia que “los del propio partido son unos hijos de puta” i José Mª Aznar afirmava que “los votos que no van al PP, van a ETA”, al mateix temps que acusava a Rodríguez Zapatero de “ser cómplice de terroristas”. O l’impresentable que volia violar la diputada Mireia Mollà!!!
Certament que l’insult no és un bon camí per afavorir la bona convivència. L’Evangeli ens ensenya a utilitzar un llenguatge respectuós: “Aquell qui diga al seu germà, Estúpid, serà condemnat” (Mt 5:22) i Sant Pau: “lluny de la vostra boca ira, ultratges” (Col 3:8)
També el papa Benet XVI urgeix a treballar “sempre dins del respecte i en una perspectiva d’educaciót”. I Sant Pau exhortava als cristians, a que “no insulten a ningú” (Tt 3; 2) aconsellant-los ser “pacífics i moderats” i a mostrar “una gran dolcesa”.
Alguns polítics (que massa vegades parlen guiats més per les vísceres que pel cervell) haurien de retrobar el respecte per l’adversari i intentar no caure en l’insult o el menyspreu. I si han multat al jove valencià, que comencen a multar també als polítics que insulten!!

Josep Miquel Bausset

martes, 21 de julio de 2009

Carlo Maria Martini

ENTREVISTA AL CARDENAL ARZOBISPO DE MILÁN

"Es necesario un Concilio sobre el divorcio"

EUGENIO SCALFARI 12/07/2009
La cara ha adelgazado, pero los ojos de un azul intenso la iluminan aún más. Me mira fijamente, como para reconocerme. Hace muchos años que no nos hemos visto, aunque hemos hablado a menudo intercambiando a distancia sentimientos y pensamientos.
"Ha habido épocas en las que la participación activa de las comunidades cristianas era mucho más intensa"
"No pienso en un Vaticano III, pero sí en un concilio sobre la relación de la Iglesia con los divorciados"
"La confesión es un sacramento exangüe. Se confiesa algún pecado, se obtiene el perdón, se dice una oración y se acabó"
"A veces los no creyentes están más cerca de nosotros que muchos falsos devotos. El Señor lo sabe"

Han pasado 13 años desde ese debate a dos voces organizado por Vincenzo Paglia, entonces asistente eclesiástico de la comunidad de San Egidio, en el gran salón del palacio de la Cancillería en Roma. El tema de ese debate era La paz es el nombre de Dios, con un subtítulo: Qué puede unir hoy a católicos y laicos. Desde entonces, la figura del arzobispo de Milán ha sido para mí un punto de referencia, he seguido su obra pastoral dirigida a los creyentes y su diálogo constante con los no creyentes, su relación con el cardenal Silvestrini, con Pietro Scoppola, con la comunidad de San Egidio, con las varias almas de la Compañía de Jesús. He leído sus libros, y en concreto, las Conversaciones nocturnas en Jerusalén. Y ahora, el que acaba de salir, Estamos todos en la misma barca, un largo diálogo con don Luigi Verzè, fundador del hospital de San Rafael en Milán y de la universidad del mismo nombre.
El binomio Martini-Verzè ha asombrado a muchos amigos del cardenal. El fundador del San Rafael es un personaje de notable audacia que tiene muy poco en común con Martini. ¿Por qué le ha elegido precisamente a él como interlocutor? La explicación es clara: las diferencias entre los dos surgen del libro, pero el objetivo común es el de llamar la atención de los cristianos católicos hacia problemas que ya no se pueden aplazar.
Le pregunto a Martini cuáles son esos problemas en orden de importancia: "Ante todo, la actitud de la Iglesia hacia los divorciados, y luego, el nombramiento y la elección de los obispos, el celibato de los sacerdotes, el papel de los laicos católicos y la relación entre la jerarquía eclesiástica y la política. ¿Le parecen problemas de fácil solución? ¿Pueden interesar también a un laico no creyente como usted?".
Me mira sonriente y se acomoda en la silla, que cruje, y me asalta el temor de que sea inestable, pero él me tranquiliza: "Es sólida, no se preocupe, es que yo me muevo demasiado".
Nos encontramos en una habitación muy sobria, con una mesa larga y algunas sillas, en la residencia de los jesuitas en Gallarate. El cardenal, antes de recibirme, se ha reunido con unos 50 sacerdotes procedentes de los alrededores de Milán. Querían escuchar sus palabras de fe y esperanza en una sociedad cada vez menos cristiana y cada vez más indiferente.
Pregunta. ¿Indiferente hacia qué?
Respuesta. Ya no hay una visión del bien común. El sentimiento dominante es defender los intereses particulares y no los del grupo. Quizá piensan que son buenos cristianos porque de vez en cuando van a misa y acercan a sus hijos a los sacramentos. Pero el cristianismo no es eso, no es sólo eso. Los sacramentos son importantes si coronan una vida cristiana. La fe es importante si avanza junto a la caridad. Sin la caridad, la fe está ciega. Sin caridad no hay esperanza y no hay justicia.
P. Usted, cardenal Martini, ha afirmado en muchas ocasiones que la caridad es importante, pero quizá sea necesario definir con exactitud qué quiere decir usted con esta palabra. No creo que se limite a hacer el bien al prójimo.
R. Hacer el bien, ayudar al prójimo, son desde luego aspectos importantes, pero no son la esencia de la caridad. Hay que escuchar a los demás, comprenderlos, incluirlos en nuestro afecto, reconocerlos, romper su soledad y ser sus compañeros. En resumen: amarlos. La caridad predicada por Jesús es la participación plena en la suerte de los demás. Comunión de los espíritus, lucha contra la injusticia.
P. En su libro Conversaciones nocturnas, usted dice que los pecados son numerosos y la Iglesia enumera muchos, pero en su opinión el auténtico pecado del mundo -lo dice exactamente así, si mal no recuerdo- es la injusticia y la desigualdad. Si he entendido bien sus palabras, ¿la caridad consiste en luchar contra la injusticia?
R. Jesús dijo que el reino de Dios será de los pobres, de los débiles, de los excluidos. Dijo que la Iglesia tendría como misión estar a su lado. Ésta es la caridad del pueblo de Dios predicada por su Hijo, que se hizo hombre para salvarnos.
P. Cardenal, ¿a qué se refiere con pueblo de Dios? ¿Son los laicos católicos pueblo de Dios?
R. Toda la Iglesia es pueblo de Dios: la jerarquía, el clero, los fieles.
P. ¿Tienen los fieles un papel activo en el gobierno de la Iglesia, en la administración de los sacramentos, en la elección de sus pastores?
R. Desde luego, tienen un papel, pero deberían desempeñarlo mucho más plenamente. Demasiado a menudo es un papel pasivo. Ha habido épocas en la historia de la Iglesia en las que la participación activa de las comunidades cristianas era mucho más intensa. Cuando hablaba antes de una indiferencia extendida, pensaba precisamente en este aspecto de la vida cristiana. Aquí hay una laguna, una falta silenciosa, especialmente en la sociedad europea y en la italiana.
P. ¿Piensa en la escasa frecuencia de los sacramentos, de la misa, de las vocaciones?
R. Éstos son aspectos externos, no sustanciales. La esencia es la caridad, la visión del bien común y de la felicidad común. Felicidad no sólo para nosotros, sino para los demás, y no sólo en el presente, aquí y ahora, sino para los hijos y los nietos, para las generaciones futuras.
P. ¿La Iglesia institucional hace lo suficiente en esta dirección?
R. Hace mucho, pero debería hacer mucho más.
P. Cardenal Martini, me gustaría plantearle una cuestión bastante delicada. Un conocido escritor católico, Vittorio Messori, ha escrito recientemente que la Iglesia institucional, es decir, el Vaticano, con su Secretaría de Estado, sus nuncios repartidos por todo el mundo, sus estructuras de Curia, no puede sancionar los vicios privados de los poderosos. Su misión es estipular acuerdos, concordatos, afrontar problemas concretos de poder a poder. Alcanzó acuerdos con Hitler, Mussolini, Pinochet, Franco, Craxi: si les hubiese juzgado públicamente por su comportamiento, por su moralidad, no habría podido actuar políticamente, como es su deber. El problema compete, si acaso -según Messori-, al confesor, admitiendo que alguno de esos poderosos se confiese. De cualquier manera, el tema de la salvación es cosa del clero pastoral, de los párrocos y obispos que cuidan de las almas. ¿Está usted de acuerdo con esta distinción entre instituciones vaticanas y clero con funciones pastorales?
R. En verdad, no estoy muy de acuerdo: la distinción que hace Messori se remonta a una fase en la que aún existía el poder temporal y en la que el Papa era casi un soberano; pero, gracias a Dios, ese poder terminó y no puede ser restaurado. Es una suerte que haya terminado. Desde luego, existe una estructura diplomática en la Santa Sede, pero al fin y al cabo está formada por sacerdotes, cuyo fin último es dar testimonio de la predicación evangélica y de su contenido profético. A esto tengo que añadir que la estructura diplomática, en mi opinión, es demasiado redundante y requiere demasiada energía de la Iglesia. No siempre ha sido así. En la historia de la Iglesia, durante siglos y siglos, esta estructura ni siquiera existía y en el futuro podría reducirse en gran medida, o incluso llegar a ser desmantelada. El deber de la Iglesia es dar testimonio de la palabra de Dios, el Verbo Encarnado, el mundo de los justos que vendrá. Todo lo demás es secundario.
P. ¿Las iglesias protestantes no tienen estructuras semejantes? ¿No son necesarias para tutelar la libertad religiosa y el espacio público que necesita la Iglesia para difundir sus valores?
R. Las iglesias protestantes no tienen estructuras tan centralizadas y poderosas como la nuestra. Desde este punto de vista, son más débiles que la Iglesia católica, pero en otros aspectos están más cohesionadas con los fieles.
P. El problema que usted plantea existe, indudablemente. ¿Afecta a los obispos? Quizá la figura del Papa, que existe sólo en la Iglesia católica, tiene como consecuencia cierto temporalismo que ha sobrevivido al poder temporal propiamente dicho.
R. El Papa es ante todo el obispo de Roma. Para nosotros, los católicos, es el vicario de Cristo en la tierra y le debemos amor, respeto y obediencia, pero sin olvidar que la Iglesia apostólica se erige sobre dos pilares: el Papa y su comunión con los obispos. Recuerdo que en el consistorio que precedió al último cónclave hubo un debate preliminar para realizar una especie de retrato robot del futuro pontífice. Cuando me tocó hablar a mí, dije que nosotros debíamos elegir al obispo de Roma. Quería decir con ello que siempre prevalece la capacidad y la vocación pastoral por encima de la diplomática o la teológica.
P. ¿Usted dijo eso? ¿Que ustedes, el cónclave, debían elegir al obispo de Roma?
R. ¿Le parece una herejía? Y sin embargo, éste es el mandamiento constante según la doctrina y la tradición evangélica.
El tiempo pasaba y aún había muchos temas que me habría gustado discutir con el cardenal Martini, pero temía cansarle demasiado. Se lo dije, pero me respondió que podíamos continuar.
Había un tema que me interesaba especialmente. Le dije que al leer su último libro, el que había escrito con Verzè, me había parecido entender que se inclinaba hacia otro concilio, una especie de Vaticano III. ¿Se ha debilitado el impulso del Vaticano II? ¿No habría que retomar el discurso y llevarlo más adelante? La respuesta que me dio me pareció muy innovadora y también imprevista.
R. No pienso en un Vaticano III. Es cierto que el Vaticano II ha perdido parte de su impulso. Quería que la Iglesia se enfrentase a la sociedad moderna y a la ciencia, pero este enfrentamiento ha sido marginal. Aún estamos lejos de haber afrontado este problema y casi parece que hemos dirigido nuestra mirada más hacia atrás que hacia delante. Habría que retomar el impulso, pero para hacerlo no es necesario un Vaticano III. Dicho esto, yo soy partidario de otro concilio, es más, lo considero necesario, pero sobre temas específicos y concretos. Considero que habría que poner en marcha lo que se sugirió, o mejor dicho, decretó, en el Concilio de Constanza, es decir, convocar un concilio cada 20 o 30 años, pero con un solo argumento, dos como mucho.
P. Esto supondría una revolución en el gobierno de la Iglesia.
R. A mí no me lo parece. La Iglesia de Roma no se llama apostólica por casualidad. Tiene una estructura vertical, pero al mismo tiempo también horizontal. La comunión de los obispos con el Papa es un órgano fundamental de la Iglesia.
P. ¿Y cuál sería el tema del concilio que usted desea?
R. La relación de la Iglesia con los divorciados. Afecta a muchísimas personas y familias, y desgraciadamente, el número de personas implicadas aumentará, así que hay que afrontarlo con sabiduría y visión de futuro. Pero hay otro argumento que debería afrontar un próximo concilio: el del curso penitencial de la propia vida. Verá usted, la confesión es un sacramento extremadamente importante, pero ya exangüe. Cada vez son menos las personas que lo practican, pero, sobre todo, su ejercicio se ha convertido en algo casi mecánico: se confiesa algún pecado, se obtiene el perdón, se recita alguna oración y se acabó. En la nada o poco más. Hay que devolver a la confesión una esencia auténticamente sacramental, un recorrido de arrepentimiento y un programa de vida, una confrontación constante con el propio confesor; en resumen, una dirección espiritual.
Nos levantamos. Me dijo que había leído mi último libro, El hombre que no creía en Dios, y que había encontrado algunas concordancias con su visión del bien común. Le di las gracias. Yo me siento muy cercano a usted, le dije, pero no creo en Dios, y lo digo con total tranquilidad de espíritu.
"Lo sé, pero usted no me preocupa. A veces, los no creyentes están más cercanos a nosotros que muchos falsos devotos. Usted no lo sabe, pero el Señor, sí".
Sentí la tentación de abrazarlo, pero estamos los dos algo temblorosos y habríamos corrido el riesgo de acabar en el suelo. Nos estrechamos la mano prometiendo volver a vernos pronto.

domingo, 21 de junio de 2009

BERLUSCONISTÁN

Rebelión en la sacristia...

La Iglesia y Berlusconi. Carta abierta de Paolo Farinella, cura de la diócesis de Génova, al presidente de la Conferencia Episcopal Italiana
Sin la profecía sólo queda la complicidad

Paolo Farinella
Micromega
Traducido para Rebelión por Liliana Piastra

Estimado señor Cardenal Angelo Bagnasco:
Vivimos en la misma ciudad y pertenecemos a la misma Iglesia: usted como obispo, yo como cura. Usted es también el jefe de los obispos italianos, por lo que ha de dividirse en un 50% entre Génova y Roma. En Génova se dice que usted participa poco en la vida de la diócesis y probablemente en Roma dirán lo mismo pero en sentido contrario. Es el destino de los viajantes y de los cardenales a porcentaje.
Con este documento público me dirijo al 50% del cardenal que es presidente de la CEI (Conferencia Episcopal Italiana), aunque también al 50% del cardenal que es obispo de Génova, porque las decisiones del primero afectan directamente al pueblo de su ciudad. He leído su discurso a la 59ª Asamblea General de la CEI (24-29 de mayo de 2009), así como su conferencia de prensa del 29 de mayo de 2009. Me ha llamado la atención la delicadeza, casi el disgusto con el que ha tratado –o mejor dicho no ha tratado– la cuestión moral (¿o inmoral?) a la que se enfrenta nuestro país a causa del comportamiento del presidente del gobierno, algo que ya se ha demostrado de forma inequívoca: trato habitual con menores, perjurio sobre sus hijos, uso de la falsedad como herramienta de gobierno, planificación de la mentira en los medios de comunicación que controla, calumnia como arma política. Usted y el secretario de la CEI han desleído las palabras hasta diluirlas en un caldito que incluso las novicias de un convento podrían beberse. Sin embargo, las acusaciones son graves y las fuentes fidedignas: la mujer acusa públicamente a su marido presidente del gobierno de «ir con menores», manifiesta que se le ha de tratar «como a un enfermo», lo describe como un «dragón al que hay que sacrificar vírgenes como ofrenda».
Las entrevistas publicadas por un único (¡sic!) diario italiano en el desierto de la omertà (silencio) de todos los demás y de casi toda la prensa extranjera, han confirmado, más allá de cualquier duda, que el presidente del gobierno ha mentido descaradamente a la nación y sigue mintiendo sobre sus procedimientos judiciales, sobre la inacción de su gobierno y sobre su pedofilia. Una sentencia de un tribunal de primera instancia ha certificado que es un corruptor de testigos llamados a juicio y usa la mentira come instrumento ordinario de vida y de gobierno. Pese a ello, se jacta de moral católica: Dios, Patria, Familia. En una cadena de televisión complaciente ha transformado en algo privado un asunto público para utilizarlo con fines electorales, sin ningún pudor ético ni institucional. Usted, señor Cardenal, presenta el magisterio de los obispos (y del papa) como garante de la Moral, centrada en la persona y en los valores de la familia; sin embargo, ni usted ni los obispos han dicho una sola palabra inequívoca sobre un hombre, jefe del gobierno, que ha llevado a nuestro pueblo al nivel más bajo de la degradación moral, avivando los instintos de seducción, fuerza/astucia y egoísmo individual. Los obispos asisten a la ruina moral del país ciegos y mudos, afónicos, escondidos tras una cortina de incienso que les impide ver la «verdad» que es la pura «realidad».
Su actitud es reincidente, porque han utilizado el mismo lenguaje inocuo con los rechazos de los inmigrantes, que infringen todos los dictámenes del derecho, la Ética y la Doctrina Social de la Iglesia católica, con los que el gobierno suele llenarse la boca para complacerles, tomándoles así el pelo. Ustedes se han rasgado las vestiduras contra las parejas de hecho y las tutelas correspondientes, han hecho fracasar un referéndum en nombre de los supremos «principios no negociables» y ahora lo único que tienen que decir es que sus palabritas son «para todos», es decir, para nadie. El pueblo creyente (de nuestro credo y de otros) se divide en dos clases: los desorientados y los resignados. Los primeros no entienden por qué no le han ahorrado reproches a Romano Prodi, intachable y católico practicante, mientras absuelven todas las inmoralidades de Berlusconi. ¿O es que no están dando una absolución previa, cuando tanto les interesa puntualizar que desde el punto de vista ético ustedes «hablan para todos»? Esa expresión vacía les permite no nombrar a nadie en particular y estar a las duras de la moral genérica (es decir, la inmoralidad) y a las maduras de los ingentes intereses en los que están implicados: en esa misma entrevista ha pedido usted más financiación para los colegios privados, relacionando así las dos cosas. ¿Podría ser una advertencia de que, si no llega la financiación, están dispuestos a abandonar al gobierno y a la actual mayoría que se mantiene gracias al voto de los católicos ateos? Son muchos los que están dejando la Iglesia y empiezan a hacer entrega del ocho por mil a otras confesiones religiosas: usted sabe sin duda que las aportaciones a la Iglesia católica no hacen más que disminuir; pero ha de saber que esa es una consecuencia directa del inexistente magisterio de la CEI, que ha transformado la profecía en diplomacia y la verdad en servilismo. Los católicos resignados aún están peor, porque llegan a la conclusión de que, si los obispos no condenan a Berlusconi y al berlusconismo, significa que no es grave, y pasan por alto la acusación de pedofilia, los estilos de vida sexual con harén incorporado, el método de gobierno basado en la falsedad, la mentira y el odio al adversario con tal de vencer a toda costa. Los católicos le votan y las mujeres católicas se vuelven locas por un modelo de corruptela, cuyas televisiones y periódicos sin escrúpulos deforman moralmente a nuestro pueblo con «modelos televisivos» ignominiosos, pendencieros e inmorales. A los ojos de nuestra gente ustedes, obispos taciturnos, son corresponsables y cómplices, tanto si callan como si, peor aún, intentan aminorar el alcance de las responsabilidades personales. El pueblo ha codificado este delito con un refrán: tan ladrón es el que roba como el que aguanta el saco. ¿Por qué le aguantan el saco a Berlusconi y a su indecente mayoría? ¿Por qué no levantan la voz para decir que nuestro pueblo es un pueblo drogado por la televisión, en un 50% propiedad personal del presidente del gobierno, que influye directamente sobre el otro 50% estatal? ¿Por qué no dicen ni una palabra sobre el conflicto de intereses que está aplastando la legalidad y los fundamentos éticos de nuestro país? ¿Por qué siguen fornicando con un hombre inmoral que predica los valores católicos de la familia y luego se divorcia, se vuelve a casar, vuelve a divorciarse y se rodea de menores para solazarse en su senil falta de virilidad? ¿Por qué no dicen que con hombres así no tienen nada que compartir como creyentes, como pastores y como garantes de la moral católica? ¿Por qué no le han condenado cuando rechazó a los inmigrantes, enviándoles a una muerte segura? ¿No es acaso el mismo hombre que hizo un decreto para salvar a toda costa la vida vegetal de Eluana Englaro? ¿No son ustedes mismos los que defienden la vida «desde su inicio hasta su conclusión natural»? ¿La vida de los negros vale menos que la de una blanca? ¿Hasta ese punto les ha contaminado la herejía de la Lega y del berlusconismo? ¿Por qué no dicen que los católicos que le respalden, de la manera que sea, son corresponsables y cómplices de sus crímenes, que también condena la ética natural? ¡Qué lejos están los tiempos en que San Ambrosio, en el año 390, impidió que Teodosio entrara en la catedral de Milán porque «también el emperador está en la Iglesia, no por encima de la Iglesia »! Ustedes adoran a un becerro de oro. Yo y, créame, muchos otros creyentes pensamos que usted y los obispos han perdido su autoridad y han renegado de su magisterio porque actúan por interés y no por amor a la verdad. Por oportunismo, no por el evangelio. Un gobierno disipador y una mayoría, esclavos de un amo que dispone de ingentes capitales procedentes de «mammona iniquitatis», se han declarado dispuestos a atender cualquier petición económica que les hagan, según el principio de que cada hombre y cada institución tienen su precio. ¿La promesa implica su silencio que –todo hay que decirlo– es un silencio de oro? Cuando su silencio no aguanta ya la evidente ignominia de los hechos, ustedes, que en esto son hábiles, sopesan las palabras y lanzan mensajes subliminales, pero sin molestar demasiado a su destinatario: «zanjar, aplacar,… aplacar, zanjar». Señor Cardenal, ¿se acuerda del conde tío de Los Novios? «Vea su paternidad; son cosas, como yo le decía, que han de morir aquí, que se han de enterrar aquí, cosas que si se remueven demasiado… es peor. Ya sabe su paternidad lo que viene después: esos choques, esos piques, comienzan a veces por una bagatela, y siguen, siguen… Si quiere uno saber su razón primera, o no se da con ella, o salen a relucir otros mil líos. Aplacar, zanjar, padre muy reverendo: zanjar, aplacar» (A. Manzoni, Los Novios, cap. IX). ¿Hemos de pensar que las acusaciones de pedofilia contra el presidente del gobierno y las mentiras comprobadas al país son una “bagatela” que se perdona con «cinco Padrenuestros, Avemarías y Glorias»? El ex presidente de la República, Francesco Cossiga, ha descrito la situación de una manera feroz y ofensiva para ustedes, que no le han desmentido: «A la Iglesia le importan mucho las conductas privadas. Pero entre un devoto monógamo [léase: Prodi] que se opone a algunas de sus directrices y un mujeriego que en cambio le echa una mano concreta, la Iglesia aplaude al mujeriego. Ecclesia casta et meretrix» (La Stampa, 8-5-2009). Permítame traerle a la memoria un pasaje de un Padre de la Iglesia, el intachable San Hilario de Poitier, que ya en el siglo IV ponía en guardia contra las adulaciones y los regalos del emperador Constancio, el Berlusconi cesarista de turno: «Nosotros ya no tenemos un emperador anticristiano que nos persigue, sino que hemos de luchar contra un perseguidor aún más insidioso, un enemigo que adula; no nos flagela la espalda sino que nos acaricia el vientre; no nos confisca los bienes (dándonos así la vida), sino que nos enriquece para darnos muerte; no nos empuja hacia la libertad encarcelándonos, sino hacia la esclavitud invitándonos y honrándonos en su palacio; no golpea nuestro cuerpo, sino que se apodera de nuestro corazón; no nos corta la cabeza con la espada, pero nos mata el alma con el dinero» (Hilario di Poitiers, Contra el emperador Constancio 5). Estimado señor Cardenal, en nombre de ese Dios que dice usted representar, denos una muestra de profecía, un susurro de evangelio, un relámpago veraniego de coherencia, de fe y de credibilidad. Si no puede hacerlo el 50% que le incumbe al presidente de la CEI «por intereses superiores», que lo haga por lo menos el otro 50% que le incumbe al obispo de una ciudad donde mucha, por no decir muchísima, gente se está alejando de la vida de la Iglesia debido a la moral elástica de los obispos italianos, basada en el principio de oportunismo, que es la negación de la verdad y del tejido conjuntivo de la convivencia civil. Usted ha hablado de «emergencia educativa», que es también el tema propuesto para el próximo decenio, y se ha quejado de los «modelos negativos de la televisión». Supongo que usted sabrá que las televisiones no nacen bajo el arco de Tito, sino que tienen un propietario que es el jefe del gobierno y en ese doble papel condiciona los programas, la publicidad, la economía, los modelos y los estilos de vida, la ética y las conductas de las jóvenes a quienes sólo sabe ofrecer la perspectiva del «velinismo» (N.t. de velina = azafata televisiva) o, en segundo lugar, de parlamentario directamente dependiente del jefe que prodiga escaños en el parlamento como premios de fidelidad a quien demuestre ser más servicial, sobre todo si se trata de mujeres. Dicen las crónicas que el sultán se ha regocijado con su reacción porque se temía algo peor y, si lo dice él que es un experto, habrá que creerle. Ahora, alentado por la bendición de sus cosquillas, puede seguir dando rienda suelta a su audacia lasciva y a la trata de menores para inmolarlas en el altar del templo de su narcisismo paranoico, a beneficio del país de Berlusconistán, como lo llama la prensa inglesa. Eminentísimo señor Cardenal, ¿podemos tener aún la esperanza de que los obispos ejerzan su ministerio con autoridad, sin alquimias que den cobertura a los ricos poderosos y perjudiquen la limpieza de la verdad, tal como enseña Juan el Bautista, que al Herodes de turno le grita, sin temer por su vida: «Non licet»? Al Precursor su palabra de condena le costó la vida, mientras que a ustedes el «callar» les trae suerte.Quedo a la espera de sus noticias y aprovecho para saludarle atentamente. Paolo Farinella, cura
Paolo Farinella es cura de la diócesis de Génova, biblista, escritor y ensayista, colabora con MicroMega, con Missioni Consolata de Turín y con el Editor Gabrielli, comprometido en el camino de Impegno per la Pace ed i Diritti, ha publicado: Bibbia, parole, segreti, misteri, Ritorno all’Antica Messa y Crocifisso …Dio e la civiltà occidentale.

sábado, 20 de junio de 2009

SENSIBILIZACIÓN

ADIOS, VICENTE FERRER.

Quiero robar unos minutos para hablar de Vicente Ferrer.Ha muerto un símbolo de la ayuda, valor y humanidad que no nos deja indiferentes a muchos/as.Este hombre de valores luchó primero contra poderes políticos, después contra una parte del poder religioso que quería vetarlo, pero siguió defendiendoel verdadero valor de la fe y su gran lucha por erradicar la pobreza sin tapar huecos si no con el desarrollo productivo y humano. Desde la fundación vicenteferrer recaudan dinero apadrinando y continúan la labor gracias a las muchas donaciones anónimas.Admiro, igual que tu, sobretodo el valor de la gente como él, del médico recién licenciado que se apunta a médicos sin fronteras conel único propósito de salvar vidas, a la gente que colabora con la cruz roja en guerras y altercados, al tio pepe y tia maríaque ayudan aunque sea una vez al mes en su barrio o pueblo bien sea con alguna causa que a los demás nos parezca absurda, o a mi padre que siempre me dice que done sangre, pues el no falla una y siempre me repite que no me voy a morir porque me claven una aguja.Un beso a todos. Espero que os guste, pues yo alguna lagrimilla he soltado. Fue un hombre digno de admirar lleno de amor y fe. Besossssss!!!!!Inma
P.D. Lo de la lagrimilla es que estoy más sentimental de lo normal, pero no estoy embarazada...por si alguien más me lo pregunta. Bromas a parte, solo quería compartir esta historia que desconocíamos.Ver el video, no tiene desperdicio.

Inma G.

domingo, 24 de mayo de 2009

HISTORIA DE ESPAÑA

Aquellos que no tienen nada que decir, deberían mantener la boca callada.

jueves, 19 de marzo de 2009

LAS LINCES

Después de todo, hay que agradecerle a la Conferencia Episcopal que nos haya recordado que hay que proteger al Lince, una maravillosa iniciativa que hacia falta en este país. Y digo esto porque la parte que concierne a proteger a un niño, esa ya la tenemos todos en cuenta. 
Lo único que queda por discernir es qué parte es la que protege la iglesia: ¿la animal?. ¿la humana?, ¿la progresiva?, ¿la económica?, ¿la docente?, ¿la política?, ¿la racional?.
Me gustaria mucho saber cuantos euros ha costado la campaña dichosa, y  si en realidad se quiere proteger la vida de un embrión o hacer campaña política en contra de un gobierno que no resulta demasiado comodo para los curas.
Queda claro que este tipo de macro-campañas no se podian hacer en tiempos de La Santa Inquisición....Eran otros tiempos. Ahora bien, los carteles publicitarios no dicen nada al respecto de la cantidad de trabajo que no se hace desde el púlpito cuando, en lugar de proclamar la Palabra de Dios, se inculca el odio hacia todos aquellos que piensan "diferente", mientras reparten abrazos y sonrisas a ladrones como Fabra y Camps.

sábado, 3 de mayo de 2008

¿A QUÉ JUGAMOS AHORA?

Los obispos rechazan el contrato de integración del Consell porque no beneficia al inmigrante.

El Gobierno valenciano, va a sufrir más de un dolor de cabeza como pago a su deseo de exibir la prepotencia de su victoria en las últimas elecciones. Camps y Blasco anunciaban hace unos días, la puesta en marcha de un contrato de integración para inmigrantes que estaba confeccionando el Consell; ni más ni menos que una copia de aquel que anunciara Rajoy en su programa electoral, y que por motivos ovios, no ha visto la luz. Asi, el señor Camps alza la bandera de la victoria y piensa: “pero aquí si podemos, aquí somos los putos amos, esto es la pequeña España, reducto de lo que no podemos manejar a nivel nacional.”anunció ayer que los ciudadanos extracomunitarios que vivan en la Comunitat deberán "suscribir un compromiso de integración". Tampoco es necesario explicar dicha futura ley, lo que verdaderamente importa es el bombo y platillo, eso que el PP controla tan, tan, tan bien.
Pero ayer, la asociación Cooperación y Desarrollo con el Norte de Africa, Codenaf, se mostró contraria al proyecto del Consell, al señalar que cuestiona la "integridad territorial de España"; ahí es nada. Desde el Gobierno Central, a través de la vicepresidenta y del ministro de Trabajo, como desde diferentes asociaciones y colectivos de trabajadores, también se han mostrado en contra de las maniobras de Camps. Además. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, aseguró también, que en su autonomía no se hace ningún contrato para los inmigrantes “porque el compromiso que tienen que asumir esel de los que están aquí, o sea, cumplir estrictamente las leyes”.Por si fuera poco, el responsable de Migraciones de la Conferencia Episcopal y obispo de Sigüenza-Guadalajara, José Sanchez, no cree que ese compromiso de integración anunciado por la Generalitat Valenciana esté pensado principalmente en el bien del inmigrante, sino, más bien, en la garantía de nuestros derechos e intereses, según aseguró ayer a Efe en la presentación de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de la Iglesia. Fue una voz más que se suma a las numerosas críticas que ha recogido la polémica iniciativa del Consell.El representante de la iglesia, profundizó bastante en el tema e hizo afirmaciones que no tienen desperdicio:
-Me invade "cierta sospecha frente a toda reforma de las leyes de inmigración porque nacen de una filosofía con la que no estoy de acuerdo", que pasa porque los países desarrollados consideran al inmigrante como "un colchón" de la economía.
-El inmigrante "es como un muelle que se le deja subir fuerte cuando lo necesitamos y, cuando las cosas se ponen mal, que se
-El mundo "está montado sobre una situación injusta" en lo que se refiere a la regulación de los flujos migratorios.vayan cuanto antes".
-No niego que los países desarrollados no tengan obligación de regular los flujos migratorios, "pero con otros principios más humanitarios, solidarios y, para nosotros, más cristianos".
El obispo se manifestó a favor de una ley de extranjería que nazca desde el servicio al prójimo, aunque aseguró que hoy en día no se encuentra una así. Además, se preguntó por qué ningún partido ha tomado el tema de la ayuda al desarrollo como algo prioritario sabiendo que si esta es generosa, posiblemente influiría en la rebaja de las aspiraciones económicas de mejora de los países desarrollados y, entonces, "ese partido no saca un voto".

Aunque dijo desconocer el texto íntegro del documento, afirmó que siempre Según Sánchez, "Las leyes de extranjería e inmigración están fundamentadas todas ellas sobre la defensa de los intereses nacionales y la regulación de la economía y del mercado", unos principios que, en su opinión, "no son los deseables". El responsable de Migraciones aseguró que Demasiadas críticas para una ley que nace desde la chulería de un Camps elevado a la quinta potencia después de la victoria del PP en la Comunidad Valenciana y los desaguisos que existen dentro de su partido por ser “cabeza”, lo que le situa en la lanzadera de las posibilidades….